Bici-Club Valencia
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Los Serranos

Alto de la Marjana (Gestalgar)
La Marjana, hoy ya bastante visitada por numerosas peñas ciclistas, era completamente desconocida, para la práctica mayoría de ellas, hace 4 ó 5 años. Desde que acondicionaron el "firmamento" de la carretera, dejándolo apto para nuestra estirpe de prosélitos ciclistas del duro asfalto, es una auténtica gozada ascender a tan alta cumbre, desde donde se otea una amplia y agreste zona montañosa (Los Serranos), con vistas excelentes y aires revitalizantes.
Estas cimas, forjadas con los restos mortales de los poetas petrificados que volvieron la vista atrás para contemplar aquella cegadora luminosidad cuyo rugido les sobrecogió (como a la mujer de Lot), son un compendio de diversidades "anatómicas" y no pueden quedar fuera de nuestro "radio de acción", so pena de ignorar una de las mayores bellezas impresionistas de la Comunidad Valenciana. El sufrimiento que supone la dura escalada es parte del castigo que hay que pagar para poder contemplar estas extraordinarias composiciones de la física cuántica, fruto del último y múltiple suspiro (como el que damos nosotros al coronar la última cresta) de aquellos maravillados espíritus al cristalizar en la forja del divino molde. Como compensación, el éxtasis de nuestros ojos contemplativos les redime de su curioso "pecado", transmitiéndoles nuestro deleite de agradecimiento más sincero. Afrontar esta subida, requiere pertenecer una especie de cicloturista integral, amante del medio natural, que no tenga que "fichar" al llegar a casa; cosa que no está al alcance de todos los integrantes de tan sufrido gremio, salvo para los residentes más cercanos.
La mejor forma de encontrar la carretera que conduce a la Marjana, para el que no la conozca, es salir de Gestalgar (bien provistas de agua las alforjas) en dirección a Chiva. Inmediatamente, comienza un puerto bastante apetitoso, para abrir boca, y ya bastante conocido, que nos avisa de lo que nos encontraremos luego. Al terminar el ascenso, se debe tomar la primera carretera que surge a la diestra, señalada por una blanca caseta rural y que, de momento, nos ayudará a recuperar el aliento. Metidos en ella, es ya difícil que nos perdamos.
Sabremos cierto que vamos por el "buen camino" cuando sintamos que no siempre es llano todo lo que es bien parecido y que la trituradora se pone en marcha sobre nuestras costillas: Llegados a las duras rampas de este empinado trayecto, tal parece como si un brazo implacable nos sujetara por las barbas de nuestro Ptolomeo más íntimo, haciéndonos jadear como lobos en frenético celo. El temor de salirnos (de la carretera) puede hacernos zigzaguear, pero nuestras acciones, si tienen una buena base, seguirán subiendo poco a poco.
En la parte intermedia, hay un descanso bastante significativo, como un limbo de poderes compartidos para un único dueño, al que sigue el tramo final, repetitivo pero más asequible.
Aunque, si te baja el aire de cara, no lo dirás muy alto. Aquí las vistas ya comienzan a agradecerse, aunque tengas los ojos nublados o no recibas señal de la primera o de la segunda cadena (que van por delante de tí). No importa, cuando llegues arriba y te
detengas a recapitular, te percatarás de la buena labor realizada, trabajando la citada
"materia plástica", por los arquitectos angélicos con ayuda de sus armónicos compases celestes.
En total, desde que abandonamos la carretera Gestalgar-Chiva, hasta besar
el cielo, a casi mil metros de altitud, habrán unos 7 Kms.; de los cuales sólo unos 5 se inclinan devotamente, dándonos la espalda a cualquier facilidad de uso.
Por comparación, este recorrido le sale muchísimo más caro al riñón (tanto si vienes por Gestalgar como si lo haces por Chiva o Cheste) que el que lleva a Sot de Chera desde Chulilla, pero te lo limpia de piedrecitas perniciosas.
Lástima que la carretera se acabe a poco de coronar (sigue como camino forestal), pues, de lo contrario, invitaría a presentarse en Siete Aguas, como quien no quiere la cosa, con toda la cara; lo cual, ahora mismo, sólo está al alcance de los agraciados poseedores de una despampanante bicicleta de montaña y de los caminantes y trotadores incansables (olvidémonos de los vehículos a motor por un momento) que, además, tienen un montón de posibilidades turísticas de gran impacto en el ánimo por sus extraordinarias singularidades: El barranco de la Hoz, inmediatamente cercano (bordeando un riachuelo) y que conecta con el pantano de Buseo, frente a Chera; el pico de Santa María, a la izquierda; el pico Hiervas y la Loma del Cuco en dirección a Chiva (y que preceden a las rocas de la Dama Blanca, inscritas en la Leyenda local); el pico de los Ajos y la Fuente de la Alhóndiga, que deben andar también por ahí. Queda la Peña del Tejo, la mayor de todas, pero para cuya escalada es recomendable salir de Siete Aguas en dirección a Matutano, muy temprano, con latas de caracoles en los bolsillos traseros.
Cuando te hayas oxigenado lo suficiente, apreciarás también el júbilo del descenso (sólo una curva peligrosa, de 180 grados, nos hará extremar las precauciones). Te parecerá estar planeando en las alas de un translúcido ensueño, como volando entre las nubes, al lado de las águilas calzadas, frecuentes por aquí, entre otras.
Cuando finalice este milagro, si tienes agua suficiente para seguir flotando y ganas de rascar paredes, puedes dirigirte en dirección a Chiva: Tras otra bajada de tensión, sigue un puerto menor, retorcido y camuflado entre los montes, con sol y sombras, cultivos, arbolado y matorral. Un nuevo descenso nos conducirá a una zona más hospitalaria, donde podremos lamer nuestras dignidades heridas y cobrar a los escaladores sus ofensas deportivas.
La otra opción, más apetecible (si tu lugar de origen te lo permite y tienes los papeles en regla), es seguir descendiendo hasta Gestalgar (situada a 200 m. de altitud), procurando precaverte de las resbaladizas curvas de este puerto crepitante, creado por la furia de las beligerantes y poderosas fuerzas gestantes del lugar, cuya abertura de aguas nutre y fortalece al joven Turia hasta varias esquinas más allá. Es recomendable tomar un buen trago (aunque para ello haya que entrar en el pueblo) de la Fuente de La Murta (sin llegar a emborracharse), para relajarse un poco y recuperar el control de la situación. Lo que ocurra después ya es cuestión de cada cual, pero seguro que volvemos a nuestras casas con las pilas mentales cargadas y un buen depósito gástrico dando vueltas en el vacío. Salud.

Diego Tórtola